El debate en torno a la vigencia de los dones espirituales, particularmente el don de lenguas, ha ocupado un lugar central en la teología contemporánea. Mientras algunas corrientes sostienen su continuidad, la postura cesacionista afirma que ciertos dones extraordinarios cumplieron una función específica en la era apostólica y, por tanto, ya no están vigentes. Este ensayo busca argumentar, desde una perspectiva bíblica y teológica, que el don de lenguas, tal como aparece en el Nuevo Testamento, tuvo un propósito fundacional y ha cesado en la vida ordinaria de la iglesia.
Naturaleza del don de lenguas en el Nuevo Testamento
El punto de partida para cualquier discusión seria es definir qué eran las lenguas en su contexto original. En Hechos de los Apóstoles 2, las lenguas son descritas como idiomas humanos inteligibles:
“Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (Hechos 2:11).
Este fenómeno no corresponde a expresiones extáticas ininteligibles, sino a una manifestación sobrenatural que permitía comunicar el evangelio en idiomas reales. Por tanto, cualquier práctica contemporánea que no refleje esta característica ya presenta una discontinuidad significativa con el modelo bíblico.
Función teológica: las lenguas como señal
El apóstol Pablo ofrece una clave interpretativa en Primera Epístola a los Corintios:
“Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos” (1 Corintios 14:22).
Las lenguas no eran un medio de edificación personal primario, sino una señal dirigida a los incrédulos, particularmente en el contexto del avance del evangelio. Esta función se conecta con el cumplimiento de profecías como Isaías 28:11-12, donde Dios habla a su pueblo mediante “lenguas extrañas” como juicio y señal.
Por tanto, el don de lenguas no era normativo ni universal, sino circunstancial y con un propósito redentor específico.
El carácter fundacional de los dones extraordinarios
Un argumento central del cesacionismo se encuentra en Epístola a los Efesios 2:20:
“La iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas”.
La metáfora arquitectónica es clave. El fundamento, por definición, se establece una vez. No es una estructura repetitiva, sino una base única sobre la cual se edifica todo lo demás.
Los dones milagrosos —incluyendo lenguas, profecía y revelación directa— estaban estrechamente ligados al ministerio apostólico (cf. 2 Corintios 12:12). Su función era autenticar el mensaje del evangelio en su etapa inicial, antes de la consolidación del canon del Nuevo Testamento.
Una vez establecido ese fundamento, la necesidad de tales señales confirmatorias disminuye, dando paso a la centralidad de la Escritura como norma suficiente.
La suficiencia de la Escritura como argumento cesacionista
La doctrina de la suficiencia bíblica es fundamental en este debate. Segunda Epístola a Timoteo 3:16-17 afirma:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios… a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.
Este texto establece que la Escritura es suficiente para equipar completamente al creyente. Si esto es así, entonces no se requieren revelaciones adicionales ni manifestaciones extraordinarias para completar la obra formativa de Dios en su iglesia.
El cesacionismo no surge de una negación del poder divino, sino de una afirmación de la suficiencia del medio que Dios ha establecido: su Palabra escrita.
Evidencia histórica y patrística
Desde una perspectiva histórica, es significativo que los dones extraordinarios disminuyen considerablemente después del período apostólico. Padres de la iglesia como Juan Crisóstomo y Agustín de Hipona reconocieron que tales manifestaciones no eran comunes en sus tiempos.
Esto no constituye una prueba definitiva por sí sola, pero sí refuerza la idea de que estos dones estaban vinculados a una etapa específica de la historia redentora.
Evaluación de la práctica contemporánea
Las manifestaciones modernas de “lenguas” presentan diferencias sustanciales con el modelo bíblico:
1. No son idiomas verificables.
2. No cumplen una función de señal a incrédulos.
3. Frecuentemente carecen de interpretación.
4. Se asocian más con experiencias subjetivas que con proclamación objetiva.
Estas diferencias sugieren que no se trata de una continuidad del don neotestamentario, sino de un fenómeno distinto que requiere discernimiento crítico.
El análisis bíblico, teológico e histórico conduce a una conclusión coherente: el don de lenguas, tal como fue dado en el Nuevo Testamento, cumplió una función específica dentro del contexto fundacional de la iglesia y no permanece como una práctica normativa en la actualidad.
El cesacionismo, lejos de limitar la obra de Dios, afirma que Él ha provisto en la Escritura todo lo necesario para la vida y la piedad de su pueblo. La iglesia, por tanto, no debe buscar experiencias extraordinarias como validación espiritual, sino arraigarse en la verdad revelada.
En última instancia, la madurez cristiana no se evidencia en manifestaciones espectaculares, sino en una vida transformada por la Palabra de Dios.
— Jesús A. Rubio Bolaños.
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Sobre el autor:
- Jesús Rubio sirvió como plantador en la Iglesia Bautista Reformada Luz y Verdad , actualmente es pastor de predicación en la Iglesia Bautista del Pueblo , es magister en estudios teológicos y filosofía, es licenciado en ciencias sociales, profesor de biblia y teología en el Instituto Reformado de Colombia , es director académico del Instituto Bíblico luz del Mundo y vive en Valledupar, Colombia.
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