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El problema del emocionalismo

 


Hay una crítica que se repite con frecuencia: que nuestras iglesias son frías, que somos “aburridos”, que nos falta fuego. Que cantamos sin emoción, que adoramos con demasiada estructura, que todo parece… demasiado ordenado.

Y, en parte, entiendo de dónde viene esa percepción.

Pero también creo que revela algo más profundo: una confusión peligrosa entre  emoción genuina  y  emocionalismo .

No es lo mismo. Y la diferencia importa más de lo que parece.

No estamos en contra de la emoción, estamos en contra de su tiranía

Lo primero que hay que decir con claridad es esto: la Biblia no condena la emoción. De hecho, la produce.

Los Salmos están llenos de gozo, quebranto, asombro, temor, deleite. El problema no es sentir. El problema es cuando el sentir deja de ser respuesta a la verdad y se convierte en el centro de la experiencia.

Jesús mismo dijo:
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren ” (Juan 4:24).

No dice “en emoción y sinceridad”. Dice  en espíritu y en verdad .

La emoción, entonces, no es el fundamento de la adoración. Es el fruto de una adoración que está arraigada en la verdad.

El emocionalismo invierte el orden.

El emocionalismo hace algo muy sutil, pero muy serio: invierte el orden bíblico.

En lugar de:
Verdad → comprensión → afecto → adoración

Se vuelve:
Ambiente → emoción → experiencia → (quizá) algo de verdad

Y cuando eso ocurre, la iglesia comienza a depender de más estímulos que de convicciones.

Luces, música, atmósfera, repeticiones… todo diseñado para producir una reacción. Y sí, puede haber lágrimas, puede haber intensidad, puede haber momentos profundamente “sentidos”.

Pero sentir no es lo mismo que adorar.

Jonathan Edwards lo dijo con una precisión que sigue siendo incómodo hoy:
“Los afectos religiosos verdaderos surgen de la luz de la mente; no de la ignorancia de ella”.

Es decir, las emociones correctas nacen de entender la verdad, no de evitarla.

El problema de no saber lo que cantamos

Aquí es donde la discusión se vuelve muy práctica.

¿Qué estamos cantando?

Porque si la adoración es en verdad, entonces el contenido importa. Y mucho.

Pablo exhorta a la iglesia:
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros… enseñándoos y exhortándoos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales ” (Colosenses 3:16).

Cantar no es solo expresar. Es enseñar. Está formando. Es afirmar doctrinas en el corazón de la congregación.

Por eso, no todo lo que suena bonito edifica.

No todo lo que emociona edifica.

No todo lo que se siente profundo es, en realidad, profundo.

Cuando la letra es superficial, repetitiva sin contenido, o más centrada en el hombre que en Dios, lo que estamos formando no es adoración bíblica… es dependencia emocional.

La solemnidad no es frialdad, es reverencia

Otra acusación común es que el orden y la solemnidad “apagan el Espíritu”.

Pero la Escritura no presenta el orden como enemigo del Espíritu, sino como evidencia de su obra.

Dios no es Dios de confusión, sino de paz… pero hágase todo decentemente y con orden ” (1 Corintios 14:33, 40).

La reverencia no es ausencia de gozo. Es la expresión correcta del asombro.

Hay una diferencia entre una iglesia que no siente… y una iglesia que siente profundamente, pero con sobriedad, con entendimiento, con peso.

El problema es que hoy hemos sido acostumbrados a asociar lo auténtico con lo intenso, y lo intenso con lo ruidoso.

Pero la Biblia también habla de un “ silbo apacible y delicado ” (1 Reyes 19:12).

Dios no siempre grita. Y la adoración tampoco necesita hacerlo para ser real.

Cuando la emoción lidera, la doctrina estorba

Una de las consecuencias más graves del emocionalismo es que, poco a poco, la doctrina comienza a incomodar.

Porque la doctrina exige pensar. Exige atención. Exige discernimiento.

Y eso no siempre produce una respuesta inmediata.

Entonces se sustituye.

Se reduce el contenido. Se simplifica el mensaje. Se prioriza lo que “se siente bien”. Y así, sin darnos cuenta, la iglesia se vuelve emocionalmente activa… pero teológicamente débil.

Martyn Lloyd-Jones advirtió algo que hoy vemos con claridad:
“Lo que necesitamos no es más excitación, sino más verdad”.

Y sin verdad, la emoción no solo es insuficiente. Es peligroso.

La verdadera adoración es profunda, no superficial.

La adoración bíblica no es plana. Es intenso, pero no artificial. Es profunda, pero no manipulada.

Es el resultado de una mente renovada que contempla a Dios y un corazón que responde a esa verdad.

Por eso cantamos lo que cantamos.

Por eso cuidamos las letras.

Por eso valoramos la estructura.

Por eso no buscamos producir emociones, sino  proclamar la verdad que las producen correctamente .

No queremos una iglesia que no se siente.

Queremos una iglesia que se sienta bien.

Una conclusión necesaria

No, no somos “aburridos”.

Simplemente creemos que la adoración no gira en torno a lo que sentimos, sino a quién Dios es.

Y cuando eso se entiende, algo cambia.

La emoción deja de ser el objetivo… y se convierte en una consecuencia.

La música deja de ser el centro… y se convierte en un medio.

Y la iglesia deja de buscar experiencias… para empezar a buscar a Dios.

Y en ese orden —aunque no siempre sea espectacular— hay algo mucho más sólido, más profundo y más duradero.

Porque no está sostenido por lo que siente en el momento.

Está sostenido por la verdad que no cambia.


— Jesús A. Rubio Bolaños. 

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Sobre el autor: 

- Jesús Rubio  sirvió como plantador en  la Iglesia Bautista Reformada Luz y Verdad , actualmente es pastor de predicación en  la Iglesia Bautista del Pueblo , es magister en estudios teológicos y filosofía, es licenciado en ciencias sociales, profesor de biblia y teología en el  Instituto Reformado de Colombia , es director académico del  Instituto Bíblico luz del Mundo  y vive en Valledupar, Colombia.





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