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¿Música Sacra y Música Mundana?

 



¿Música Sacra y Música Mundana?

Desde antes del principio estaba Dios, únicamente Dios y siempre ha estado Dios, un Dios que no estaba obligado a crear nada, sin embargo, por el poder de su Palabra comenzó a crear. Los planetas fueron puestos en sus órbitas para no chocar entre ellos, las estrellas brillaron en el firmamento, los cielos fueron desplegados como un rollo, las aguas fueron contenidas, al mar se le puso límite. Dios generaba este Universo, y en ese paquete venía la música. Si no hubiera música en la creación de Dios, sería un mundo silente. Los vientos al chocar contra las copas de los árboles hicieron melodía, los pájaros que volaban en el jardín del Edén entonaban una sinfonía hermosa haciendo que Adán y Eva diferenciaran las melodías. Dios creó la música, fue su invento y también Dios puso en el hombre la capacidad de hacer música. Dios colocó en el hombre la habilidad de descubrir en el tiempo que la música tiene expresión matemática, confirmando con eso que el sello divino está en ella.

Entonces, ¿si la música la creo Dios, como es posible que digamos Música MUNDANA, y Música SACRA?

Dios no crea música mundana y música sacra, Dios creó la música, y nos dio la bendición de usarla para alabarlo a Él y para nuestro deleite. Dios nos dio la música también para identificarnos como pueblos. Por lo tanto, lo que hace que una música sea «mundana» o «sacra» es la letra, la intención, el mensaje que encierra.

El himno #5 del Himnario Bautista se llama «A NUESTRO PADRE DIOS», es una alabanza hermosa a la Trinidad divina, sin embargo, su música es la del himno nacional del Reino Unido. La letra de ese himno nacional son loas a la Reina, al Rey, y después son diatribas fuertes contra los enemigos de Inglaterra. ¡Una misma melodía, dos letras diferentes, dos intenciones diferentes!

Además, el himno #12 del Nuevo Himnario Popular, que fuera el más utilizado por las iglesias bautistas antes del actual Himnario Bautista, se titula «GLORIA A TI JESÚS DIVINO». ¡La melodía es la del himno de la caballería del Ejército Confederado en la Guerra de Secesión! ¡Una misma melodía, dos letras, dos intenciones! Es decir, que lo que hace que una determinada melodía se califique como «mundana» o «sacra» es la letra, no la música.

Avanzando en el tema, en la edad media ocurrió un fenómeno musical bien curioso. En ese tiempo la escala musical comenzaba en la nota La. Hasta que Guido D´Arezzo hizo otra distribución de la escala musical poniendo el Do al principio, haciendo que el Si quedara en la séptima posición, un lugar un poco inestable que daba lugar a las tríadas o trítono, rompiendo con el esquema medieval de la antigua escala de dos tonos y medio. El acorde de 4.ª aumentada sonaba a los oídos medievales muy disonantes, con ciertos matices de misterio, lo que dio paso a ser catalogado como el «diabolus in musica», o «el acorde del Diablo», o «la 4.ª del Diablo». Los músicos medievales comenzaron a no usar el Si en los acordes, para no dar paso al trítono en la escala, ya que al tocar los acordes de 4.ª aumentada supuestamente hacía que el diablo entrara a la música. La Inquisición tomó cartas en el asunto y si notaban que algún compositor empleaba el trítono en sus partituras corría el riesgo de ser quemado por brujo. El acorde de 4.ª aumentada, en la escala musical, fue prohibido y maldito por la Iglesia, no se podía componer música con acordes de 4.ª aumentada.

Ahora bien, cuando alguien en este siglo XXI dice que hay ritmos o estilos musicales mundanos y sacros está resucitando de su tumba a los inquisidores que perseguían el acorde de 4.ª aumentada en la edad media, está otra vez diciendo «diabolus in musica», con su dosis de superstición. En la edad media limitaron las posibilidades musicales por un concepto erróneo de la música, y todo fue por la forma como escucharon el sonido del acorde de 4.ª aumentada y dijeron que sonaba extraño, que era diabólico, es el «diabolus in música» ¡A la hoguera con él!

Hoy en el siglo XXI también decimos que una música es «sacra» o «mundana» por cómo nos suena a nosotros. Si no nos gusta, decimos que es mundana, que «esa música no alaba a Dios», y no faltaría quien quiera encender una hoguera para quemar a los «herejes», si nos gusta, decimos que es sacra, que es la música adecuada para alabar a Dios. La música es como los colores, hay quienes les gusta el azul, y hay quienes aborrecen el azul, pero nadie dice «diabolus in azul». Nadie dice que el color amarillo es diabólico, o que el color verde es mundano. ¿Por qué con la música si sucede?

El Renacimiento rompió con la edad media. Las grandes obras musicales de ese periodo usaban el trítono, y tocaban la 4.ª aumentada como característica notable. Ya nadie decía que «diabolus in musica». Hoy, en el siglo XXI, toda la música tiene intervalos de 4.ª aumentada, y a nadie se le ocurriría decir que cuando ese acorde forma parte de la armonía en la orquesta es el diabolus in musica.

La música es música, viene de Dios, el apellido de «sacra» o «mundana» se lo ponemos nosotros al darle letra e intención a esa música. Dios no dejo en su Palabra ningún mandamiento, o requisito de cuál música era la que Él aceptaba o rechazaba. Si Dios creo la música no rechaza ninguna, al menos que su intención sea blasfemar su nombre. Debemos hacer uso del sentido común, y del buen gusto, para que entonces la música no ahogue a las voces humanas en la alabanza, un fenómeno muy común en ciertos círculos cristianos. La música acompaña a las voces humanas, no la sustituyen.

Tristemente, la cuestión de los estilos musicales puede ser muy divisivo entre los cristianos. Hay cristianos que demandan, inflexiblemente, que no deben utilizarse instrumentos musicales. Hay cristianos que solo desean cantar los himnos “antiguos de la fe”. Hay cristianos que quieren más ritmo y música contemporánea. Hay cristianos que aseguran poder adorar mejor en un ambiente estilo “concierto de rock”. En lugar de reconocer estas diferencias como preferencias personales y diferencias culturales, algunos cristianos declaran que su preferencia en el estilo de la música es el único “bíblico” y declaran a todas las demás formas de música, en el mejor de los casos, como profana, sino hasta satánica.

La Biblia en ninguna parte condena un estilo de música en particular, tampoco en ninguna parte declara que un instrumento musical en particular sea impío. La Biblia menciona numerosas clases de instrumentos de cuerda e instrumentos de viento. Aunque la Biblia no menciona específicamente la batería, si menciona otros instrumentos de percusión (Salmo 68:25; Esdras 3:10). Casi todas las formas de música moderna son variaciones y/o combinaciones de los mismos tipos de instrumentos musicales, tocados a diferentes velocidades o con un mayor énfasis. No existen bases bíblicas para declarar algún estilo de música en particular, como profano o fuera de la voluntad de Dios.

 Lo más importante en la alabanza es lo que expresa el corazón, los instrumentos deben acompañar a un nivel de sonoridad que se entienda perfectamente lo que se está diciendo. En la alabanza, la música debe estar en función de las voces. Cuando el equipo de músicos ahoga la letra de las alabanzas, no hay un concepto claro de lo que es alabanza. Debemos enseñar a nuestros músicos.

Entonces, ¿se imaginan que Dios hubiera hecho una lista de ritmos o estilos musicales aprobados por Él? El vals, el danzón, y el tango, ¡aprobados! Entonces los hermanos dominicanos se sentirían discriminados por Dios al rechazar su sabroso merengue, y la cadenciosa bachata, y así, todos los pueblos cuyos ritmos y estilos no fueran «aceptos» por Dios se sentirían discriminados por Dios.

La música es una bendición de Dios, no digamos nunca que una música «no alaba a Dios» porque no nos gusta como suena. Alaba a Dios con la música que te guste o prefieras, y deja en libertad a tu hermano alabarle con la música que el prefiera. No le grites a tu hermano, ¡diabolus in musica!

 

- Jesús A. Rubio

 

Jesús Rubio sirvió como pastor plantador en Iglesia Bíblica luz y verdad, posee una maestría en estudios teológicos, es licenciado en ciencias sociales, profesor de biblia y teología en el Instituto Reformado de Colombia, es director académico del Instituto Bíblico luz del Mundo y actualmente vive en Valledupar, Colombia.

 

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